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lunes, 8 de abril de 2013

Este cuento esta hecho para una práctica de la asignatura. Es un cuento maravilloso, que cuenta con los personajes típicos de estos cuentos y sus roles, madrastra con malos sentimientos, amiga con buenos sentimientos, etc. El cuento es el siguiente.


Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque, le gustaba ver a los animalitos, escuchar el canto de los pájaros y oler las maravillosas flores del campo.
Leo, que así se llamaba el príncipe, estaba enamorado de una preciosa joven que vivía en el pueblo, Carla.
Carla vivía en una casita muy,  muy pequeña a las faldas del Castillo Real.

Carla y Leo se conocieron un día en el bosque, ya que a ambos les encantaba pasear por él. Desde el primer día que sus miradas se cruzaron supieron que estaban hechos el uno para el otro, pero había un gran problema que les impedía estar juntos para siempre, y es que el príncipe Leo no podía estar con una mujer que no perteneciese a la realeza. Por este motivo, los enamorados acudían,  todos los días a la misma hora, a un lugar escondido en el bosque.  

Un día, ocurrió lo que ellos más se temían, la madrastra de Leo se enteró de lo que ocurría entre los dos jóvenes y decidió castigar a su hijastro.
El Rey no estaba muy convencido del castigo que su mujer quería poner a Leo, pero como las leyes prohibían ese tipo de romances decidió seguirlo y mandó a su hijo, por un tiempo,  al reino vecino. Leo debía vivir con su tío hasta que fuese casado con una princesa.

La madrastra no quería a Leo y pensaba que si a este le ocurría cualquier accidente por el camino que llevaba al otro reino, tal vez, su propio hijo heredaría la corona. La madrastra encargó la muerte del príncipe, tramó un horroroso plan con su mejor aliado, éste tenía que secuestrar al príncipe y llevarlo a un lugar muy escondido del bosque para después acabar con su vida.
Leo estaba muy apenado, ya que ni siquiera había podido despedirse de Carla. Con lágrimas en los ojos se despidió de su padre y se alejó en el carromato Real  camino del otro reino.

Carla, como todos los días acudía muy feliz a su cita con Leo, cuando de pronto escuchó unos murmullos y se escondió detrás de unos arbustos. Era el aliado de la madrastra y uno de sus hombres, estaban comentando el plan, el aliado les dio instrucciones a sus hombres para que secuestrasen a Leo, diciéndole el lugar dónde debían llevarlo y contándole los planes de la madrastra.

Carla no sabía qué hacer, ella sola no podía luchar con tantos hombres armados, pero no podía dejar que le ocurriese nada malo a su amado. Sigilosamente fue tras los malvados hombres. De pronto se escuchó el sonido de la carroza cada vez más cerca, y los aliados de la Reina cumplieron con el plan, secuestrando a Leo. Carla muy nerviosa y triste seguía tras ellos, hasta que llegaron al lugar secreto donde debían encerrar al príncipe. Carla pensaba y pensaba -¿Qué podía hacer? Nada se le ocurría, cuando de pronto un olor a comida llegó hasta ella y ¡chas! ¡Lo tenía!, los hombres estaban haciendo su comida, Carla buscó a su alrededor unas setas que ella conocía por venenosas, una pizca de esas setas dormía por completo y durante mucho tiempo a cualquier persona. Las vio a lo lejos, y con mucho cuidado para no hacer ruido se acercó y cogió dos. En un descuido de los malvados hombres, Carla se acercó a la olla y las echó, tuvo que esperar un ratito para que las setas les hiciesen el efecto deseado. Al poco  los hombres cayeron  al suelo, ¡Plof!, y Carla corrió para salvar a Leo.

Los dos corrieron y corrieron hasta llegar al castillo, donde se encontraron con el Rey y le contaron todo lo sucedido. El Rey puso un merecido castigo a la madrastra y a sus aliados, pasarían toda la vida en los calabozos del castillo.

El Rey comprendió entonces que Carla era la mujer más adecuada para su hijo, él la quería y ella a él también, por lo que dio permiso a su hijo para que eligiese a la mujer que él quisiera.
Carla y Leo pasaron toda su vida juntos, fueron felices y comieron perdices.

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